Nunca es tarde…

Prácticamente ya nadie pone en duda que la educación juega un papel fundamental en nuestras sociedades, puesto que se trata de la herramienta más valiosa con la que podemos contar para mejorar tanto el bienestar individual como el colectivo. Todas las personas, hemos de tener el derecho a acceder a una educación y formación de calidad que consolide una estrategia de aprendizaje continuo, de aprendizaje a lo largo de la vida.

Estas oportunidades de aprendizaje no deben limitarse al sistema educativo, sino que han de estar planificadas de modo que abarquen todo el ciclo de conocimiento de las personas, con el fin de que podamos adquirir, actualizar, completar y ampliar nuestras capacidades, conocimientos, habilidades, aptitudes y competencias para el logro de un desarrollo personal y profesional completo.

Entre los objetivos estratégicos para el año 2020, la Comisión Europea fijó una tasa de participación en educación de adultos (25 a 64 años) para los países miembros de un 15%. Este objetivo toma especial significado en países como España, donde todavía existen considerables deficiencias en las competencias básicas de nuestra población adulta, en gran parte derivadas de un importante retraso educativo al que sumaron años de importantes tasas de abandono escolar.

Es por ello por lo que trabajar programas de formación no formal, que vayan un paso más allá de la vuelta a las aulas, son fundamentales para diseñar una formación de adultos que facilite la adquisición de las competencias básicas necesarias para consolidar las habilidades que faciliten el ejercicio de una ciudadanía activa que fomente la participación en todas las esferas de la vida en condiciones de equidad e igualdad.

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